Al cole en “carroza”
Primer grado, hermanito nuevo, maestra nueva,
amiguitos nuevos, cuantas cosas juntas...
Todos los días con dolor de panza en dirección,
la caricia cómplice de la Señora Mastrovito, la directora,
algún que otro caramelito como para aflojar
el miedo al cambio.
el tintero volcado sobre la mesa y mi delantal gris
cuando intentaba cargar mi lapicera Princesa...
lo que no fallaba nunca era la “camioneta” que hacía
las veces de transporte escolar… parecida a la de la foto,
pero roja y negra, asientos acolchados, a lo largo,
forrados con tela de colchón…
¡Qué amontonamiento por Dios!
Todos los días pasaba algo, uno que vomitaba,
otro que se lo olvidaba de ir a buscar y había que
volver sobre nuestros pasos y ese olor inolvidable,
mezcla de aceite, nafta, tierra y chicos.
Seguramente a la tardecita, a eso de las 6,
cuando el señor que la manejaba la dejaba en el garage…
cuando se apagaban las luces y se quedaba sola,
se convertía en un enorme zapallo anaranjado.
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