domingo, 18 de agosto de 2013

Ella, mi primer amor


Allá lejos en el tiempo, a mediados de los ’60, en un paseo por la Exposición Rural los descubrí.
Fue verlos y enamorarme de ellos para siempre, Fiat 600, Valiant 2, pequeños,  de plástico aún, pero tan bien hechos, tan reales que te hacían sentir que estabas dentro de ellos conduciéndolos.
En una tarima, con un vidrio protector estaba ella, una Coupé Pontiac GTO,  bordeaux, ¡se le abrían las puertas!  ¡se le doblaban las ruedas! ¡Se bajaba el respaldo del asiento! Fue verla y morir de amor, volví a casa con un modesto, pero hermoso Valiant celeste con las ruedas blancas… qué emoción!
Cuando acompañaba a mi viejo a Beccar a comprar mercadería para el negocio, a metros de la estación había un pequeño negocito, en la vereda de enfrente de donde estábamos… con el “permiso” de papá, crucé y quién estaba allí?  Si, la coupé Pontiac, durante semanas fuimos todos los martes a “trabajar” juntos a Beccar, tanto insistí que me la compró.
Aún recuerdo la sensación de tenerla por primera vez en mis manos, inolvidable.
Con el tiempo, se fue rompiendo, primero los parantes del techo, luego la dirección dejó de funcionar, las llantas muy quebradizas dejaban partir a las gomas hacia nuevos destinos… como el fondo del cajón de los juguetes…
En fin, un día se partió la carrocería en dos, se le salió una puerta. Fui creciendo y la perdí de vista.
Hoy todavía la veo en mis sueños, la busco todos los días en Mercado Libre…
Coupé Pontiac bordeax de mi niñez, sé que nos vamos a reencontrar…

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